MARCELINO OREJA


Madrid, 20 de abril de 2021

Acaban de comunicarme el fallecimiento de José Joaquín Puig de la Bellacasa. No he podido evitar que unas lágrimas rodaran por mis mejillas al conocer tan dolorosa noticia y que se agolparan en mi memoria tantos recuerdos comunes a lo largo de más de 60 años desde nuestro primer encuentro, poco después de terminar la carrera.

Desde muy joven formó parte de las juventudes monárquicas dirigidas por Joaquín Satrústegui que propugnaban la restauración monárquica en la persona de Don Juan de Borbón.

En el año 1960 contrajo matrimonio con la bilbaína Paz de Aznar e Ybarra y tuvo seis hijos. José Joaquín al poco tiempo de ingresar en la Carrera Diplomática, y quedar vacante un puesto en el gabinete del Ministro Fernando Castiella, donde yo trabajaba, entró a formar parte de él junto a otro compañero de promoción y muy querido amigo, Antonio de Oyarzabal.

Juntos trabajamos durante casi diez años con el Ministro Castiella, que fue no solo nuestro Ministro sino también nuestro maestro. En el año 1976, cuando fui nombrado Ministro de Asuntos Exteriores, quise contar con mis dos amigos y excelentes diplomáticos José Joaquín Puig y Antonio de Oyarzabal.

José Joaquín se caracterizó siempre por su rigor, su competencia y su lealtad. Pudo abordar la recuperación del Guernica de Picasso y recordaré siempre su estrecha colaboración en todas las decisiones importantes que afectaban a la política exterior.

Al quedar vacante la embajada de la Santa Sede propuse al Rey y al Presidente del Gobierno su nombramiento como Embajador.

Actuó con gran acierto y sus tareas como Embajador fueron realmente ejemplares. Contaré al respecto que durante una visita del Papa San Juan Pablo II al Consejo de Europa en Estrasburgo, cuando yo desempeñaba la secretaría general, tuve la ocasión de acompañar al Santo Padre durante bastantes minutos. Allí me manifestó un encendido elogio del Embajador de España y me dijo que sentía por José Joaquín un inmenso aprecio. Nada podía producirme mayor satisfacción ya que se trataba de José Joaquín Puig de la Bellacasa, mi fraternal amigo y compañero.

Tras su misión en la Santa Sede fue destinado a Londres donde organizó el primer intercambio de viajes de Estado entre los soberanos de España y Reino Unido y la primera visita de un primer ministro británico a España.

Años más tarde, entró a formar parte de la secretaría de la Casa del Rey.

En 1991, siendo Ministro de Asuntos Exteriores Francisco Fernández Ordoñez, volvió a la carrera diplomática y fue nombrado Embajador en Portugal.

«José Joaquín era un profundo cristiano que mantuvo a lo largo de su vida los valores y principios religiosos»
Al terminar su misión en Portugal el Consejo de Ministros le nombró consejero electivo del Consejo de Estado, presidiendo la histórica institución su viejo amigo demócrata y monárquico Íñigo Cavero.

He recordado muchas veces las palabras de Pedro Laín en un ensayo titulado «Vocación de amigo».

Para él la relación amistosa exige un cuidadoso respeto de la libertad del otro. Sin justicia y libertad la amistad no es posible. No apoyada en la justicia se trueca en compadrazgo. Sin libertad se convierte en mera tutela.

En suma, la amistad consiste en dejar al amigo que sea lo que él es y quiere ser, ayudándole delicadamente a que sea lo que debe ser.

Por último debo decir que, por encima de todo, José Joaquín era un profundo cristiano que mantuvo a lo largo de su vida los valores y principios religiosos. Estoy seguro que el Señor le habrá recibido en su seno y a él acudiremos como mediador en momentos de tribulación y desconcierto.

A Paz, a sus hijos y nietos, les envío mi emocionado recuerdo a ese gran español que sirvió a su país con lealtad y entrega.


Fallece el diplomático Puig de la Bellacasa, ex secretario general de la Casa del Rey


S.E.


Madrid, 20 de abril de 2021

Tuvo un papel clave para dar a conocer la Monarquía constitucional en la Transición y también lideró las Embajadas ante la Santa Sede (1980-1983), en Reino Unido (1983-1990) y en Portugal (1991-1995)

El diplomático José Joaquín Puig de la Bellacasa (Bilbao, 1931) ha fallecido este martes por coronavirus. Hijo de padre catalán y madre vasca, fue Secretario General de la Casa de Su Majestad el Rey entre 1990 y 1991, relevando a Sabino Fernández Campo quien, tras 13 años en este cargo, pasó a ser el Jefe de la Casa de Su Majestad el Rey.

En 1959 ingresó en la Escuela Diplomática, pasando a ser secretario de Embajada de la Dirección General de Política Exterior en 1961 y subdirector del Gabinete del Ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella, entre 1962 y 1969.

Durante 1970 estuvo en la Secretaría General Técnica del Ministerio de Asuntos Exteriores, para después ser destinado como Consejero de la Embajada de España en Londres de 1971 a 1974, con Manuel Fraga de embajador y Fernando Morán de cónsul.

Puig de la Bellacasa fue también subsecretario de Asuntos Exteriores (1978-1980) y embajador ante la Santa Sede (1980-1983), en Reino Unido (1983-1990) y en Portugal (1991-1995). También formó parte del Consejo de Estado entre 1997 y 2005.

Diplomático en la Transición

A comienzos de 1974 el entonces Príncipe Don Juan Carlos lo llamó para que fuera su secretario particular. Gracias a contar con la plena confianza de Don Juan Carlos y siguiendo su hoja de ruta, pudo realizar una importante y decisiva labor durante la transición democrática para la restauración de la Monarquía constitucional y un régimen de libertades y democracia parlamentaria en España.

Puig de la Bellacasa, en una recepción en el día de San Juan en Zarzuela con Don Juan Carlos y Doña Sofía en 1998 – ABC

Llevando a cabo misiones delicadas como enlace con la oposición democrática al franquismo, y dando a conocer la nueva monarquía pluralista y demócrata en España y el exterior, también se ocupó de las relaciones con los medios de comunicación nacionales y extranjeros.

Junto con Don Juan Carlos, escribió el discurso de su proclamación como Rey Juan Carlos I, el 22 de noviembre de 1975. El que expresó las ideas básicas de su reinado: restablecer la democracia y ser el Rey de todos los españoles, sin excepción.

Como consecuencia de discrepancias, debido a su talante demócrata y liberal, con el entonces Secretario General de la Casa del Rey, Alfonso Armada, en 1976 abandonó voluntariamente el Palacio de la Zarzuela. El Rey se despidió con un emocionado y premonitorio «volverás».