FHB entrevista al Excmo. Sr. Embajador D. Felipe de la Morena, Vicepresidente Honorario de la Fundación Hispano Británica

En medio de una intensa vida entre embajadas en Pekín, Siria o Túnez, el Embajador Felipe de la Morena llega a Londres en 1990 para representar a España y entabla unos fuertes lazos entre ambos países; y lo hace también desde la Presidencia de la Fundación Hispano Británica que ha ostentado veinte años. En esta entrevista recuerda esas etapas y la trayectoria de una Fundación de la que dice que “si no existiera, habría que inventarla”.

Ha tenido una vida intensa…Su último libro sobre China ¿es añoranza de lo que vivió entonces como Embajador en aquel país?

Esa vida intensa a la que Ud. se refiere es consecuencia de mi profesión de diplomático. Esta profesión me ha permitido estar en contacto con otras culturas y otras formas de vida. Quizás la conclusión más importante a la que me han llevado esos contactos es a considerar que el humanismo cristiano y racionalista de nuestra civilización occidental, al enseñarnos que somos una gran familia, nos hace rechazar los reduccionismos identitarios, que imponen barreras e intentan separarnos lo que supone un retroceso en nuestra civilización.

En cuanto a mi libro sobre “Deng Xiaoping y el comienzo de la China actual” no es un libro de añoranzas es un relato de lo que viví en China entre 1978 y 1982, al haber tenido la oportunidad de estar en el lugar y momento oportunos y haber podido conocer de primera mano lo que consiguió una figura, para mí excepcional, Deng Xiaoping, al sacar de la pobreza y miseria a millones de personas, pasando por encima de barreras políticas, al abandonar la ortodoxia maoísta, imperante entonces y sentar las bases de lo que es la China actual.

Llega al Reino Unido en 1990. ¿Cuál fue su primera impresión y la primera personalidad que le impactó más?

Mi primera impresión, en aquella ocasión, fue tomar conciencia del gran honor que representaba ser Embajador de España, que había sido un viejo Imperio, el español , ante otro Imperio ,el británico, que acababa de dejar de serlo.

Respecto a personalidades que me impactaran, conocí a muchas. Le podría citar a la Reina Isabel II, a Margaret Thatcher o a otros muchos políticos o personalidades del mundo de la cultura, del mundo económico o del arte. Pero solo le citaré a alguien que me impactó de forma muy especial, y por quien siento una gran admiración. Me refiero al profesor, historiador e hispanista, Sir John Elliott. Su calidad humana, su rigor intelectual, su pasión investigadora, minuciosa, lo convierten en una de las personalidades más fascinante y a la vez humilde que he conocido.

Cómo definiría al Reino Unido que encontró. ¿El país ha cambiado en los últimos años?

Encontré un país que empezaba a tener conciencia de que había dejado de ser la primera potencia mundial, “El Imperio Británico”, que había vivido con gran dignidad y enormes sacrificios la segunda guerra mundial, en la que había resultado vencedora y cuyo recuerdo continuaba vigente. Un país orgulloso de su Historia y que estaba transformándose. Oleadas de inmigrantes, sobre todo procedentes de la Commonwealth, llegaban al Reino Unido y algunas costumbres comenzaban a cambiar. Se vivía la integración en la Unión Europea con recelo. Para muchos era algo inevitable que había que aceptar o quedarse atrás en la carrera de la Historia, para otros podía llevarles a perder su identidad. 

¿Cómo explicaba allí lo que ocurría en España? 

Con gran candidez y facilidad por mi parte, encontrando en los británicos un gran interés por lo conseguido por España, que había hecho una transición ejemplar, pasando de la dictadura a la democracia, con gran altura de miras de todos sus actores,  desde S. M. el Rey Don Juan Carlos -a quien un autor anglo español, Juan Pablo Fussi, había calificado como el motor del cambio- a los responsables políticos de distinto signo, de Adolfo Suarez a Santiago Carrillo, pasando por Felipe González o Manuel Fraga y en definitiva al pueblo español. En aquellos años se produjo, además, la alternancia política, llegando al poder en España el Partido Socialista, que presidía Felipe González.

¿Tuvo que trabajar en las relaciones entre La Zarzuela y Buckingham Palace?

Las relaciones entre las dos Casas Reales eran excelentes. Había un gran respeto entre ambas instituciones y una relación muy cordial entre nuestros Reyes y la Reina Isabel II. 

¿Qué le lleva a contactar con la FHB?

Sir Roger Fry, que en los años ochenta había creado en Madrid la Fundación Hispano Británica, me ofreció, en nombre del Patronato de la Fundación, la Presidencia de la misma al jubilarme en la Embajada en Londres. Ofrecimiento que corroboró mi buen amigo, Lord Nicholas Gordon Lenox, que fue Embajador británico en Madrid. Por cierto, recuerdo, que dije al Embajador, que aceptaría el ofrecimiento, si él, a su vez, asumía la presidencia de la Anglo Spanish Society de Londres, de la que yo era Presidente de Honor. Y así lo hicimos en el año 1993.

Nos interesa que nos cuente su recuerdo de los proyectos, de los eventos que más le interesaron, de los logros durante su presidencia y de las personalidades que concurrieron en ellos…

Ante todo, quiero señalar que durante los veinte años en que fui Presidente de la Fundación, conté, en todo momento, con el entusiasta apoyo de SAR la Infanta Doña Margarita y el Duque de Soria, así como con el de los distintos Embajadores británicos que se sucedieron en Madrid y muy especialmente, con el del fundador y principal patrocinador Sir Roger Fry y su esposa Begoña. Igualmente quiero destacar la labor realizada por el Comité Ejecutivo que, a lo largo de esos años llevó a la Fundación a ocupar un puesto de excelencia, en el empeño de acercar a españoles y británicos. 

En cuanto a la estrategia de actividades a desarrollar la centramos en cuatro bloques principales:

El primero fue la creación de una Cátedra Hispano Británica de Doctorado en la Universidad Complutense, rotatoria entre todas las Facultades y atendida por un catedrático británico, al principio, de las Universidades de Oxford o Cambridge, que luego extendimos a eminentes catedráticos de otras universidades británicas. La cátedra se inició en 1993 y dos años después, en 1995, una vez consolidada, Su Majestad el Rey Don Juan Carlos nos concedió la denominación de “Cátedra Hispano Británica Reina Victoria Eugenia”, en honor de su ilustre abuela la Reina Victoria Eugenia, nacida británica y Reina de España. 

Otro bloque lo constituyeron “Los Foros Hispano Británicos” celebrados anualmente en los que actuaron como ponentes en esos veinte años, más de cuatrocientas personalidades españolas y británicas del mundo de la política, las artes y las letras y más de un millar de participantes. No es posible referirme al gran número de personalidades que pasaron por los Foros. Recuerdo en estos momentos a ministros como Enrique Barón, Iñigo Méndez de Vigo, Angeles González Sinde, Josep Piqué, o Tristan Garel Jones y Michael Portillo, a modistos como David Delfín o Ana González; a profesores, como Sir John Elliott o Don Antonio Domínguez Ortiz, al que sus colegas historiadores llamaban “maestro de maestros”, al profesor y Académico, Don Manuel Alvar o al Embajador Don Raimundo Bassols. Recogimos las aportaciones de los ponentes en las veinte publicaciones que editamos sobre los foros, dedicados a los más diversos temas: Europa, los países atlánticos, las migraciones o el terrorismo internacional, la moda, la arquitectura o los problemas del medio ambiente o de la globalización. 

Un tercer bloque lo formaban los Conciertos seguidos de Cenas de gala benéficas, que se celebraron en lugares tan prestigiosos como el Museo del Prado, el Reina Sofía, el Thyssen o la Escuela Superior de Música Reina Sofía, en hoteles como el Ritz o en el Teatro Real. Actos que honraron con su presencia Su Majestad la Reina Doña Sofía, Su Alteza Real el entonces Príncipe de Asturias, Don Felipe, Su Alteza Real el Príncipe de Gales y la Duquesa de Cornualles, la Princesa Alejandra de Kent y siempre nuestra Presidenta de Honor, la Infanta Doña Margarita, así como otras muchas personalidades españolas y británicas. Debo recordar que para la organización de estos conciertos y cenas benéfica se constituía un Comité de ilustres personalidades que presidía siempre, con su habitual dedicación y eficacia, Sonsoles Diez de Rivera.

Y un cuarto bloque lo constituían los actos celebrados en colaboración con otras instituciones como la Embajada Británica, la Cámara de Comercio Británica, el British Council, las Asociaciones de antiguos alumnos de Oxford y Cambridge, La Representación de la Unión Europea, las Universidades de Granada o la Menéndez Pelayo de Santander, la Escuela diplomática, el C.S.I.C. o el CESEDEN. En colaboración con ellos organizamos almuerzos, coloquios, conferencias y homenajes a personalidades relevantes. Por citar algunas de estas últimas recordaré los homenajes organizados en honor de la Marquesa de Santa Cruz, Sir John Elliott, Fernando Pombo o Joe Gaggero. Estos actos permitían a la Fundación tener una presencia activa en diferentes niveles de la sociedad: académicos, económicos, culturales o artísticos.

No puedo dejar de referirme a los patrocinadores económicos más relevantes de las anteriores actividades descritas: además del King´s Group, debo citar la valiosa cooperación de BP España, la Fundación Barclays, Gómez Acebo y Pombo o G.B.Airways.

¿Qué proyecto destacaría como más representativo de la Fundación?

Creo que destacaría la Cátedra Hispano Británica Reina Victoria Eugenia, que ha creado una corriente de entendimiento y colaboración entre profesores y alumnos españoles y británicos en el ámbito universitario, con gran consistencia, dadas su calidad y continuidad. Al ser los alumnos doctorandos y más tarde preparadores de Masters, ha habido un gran sentido de responsabilidad e interés. Las becas que el British Council nos concedió para los alumnos más brillantes permitieron, además, a muchos alumnos continuar sus tesis doctorales en Universidades británicas, con los profesores que habían tenido en Madrid. La figura del “coordinador de la cátedra” (siempre un profesor español de la misma Facultad) permitió también que se desarrollaran contactos entre profesores españoles y británicos, que continuaban tras el fin de la cátedra.  

¿Cómo se puso en marcha esa Cátedra?

Le contaré una anécdota. Cuando me hice cargo de la Presidencia de la Fundación pensé repetir lo que había conseguido en Londres durante mi Embajada. Allí pudimos crear en la London School of Economics una Cátedra de España, que Su Majestad el Rey nos concedió que se denominara “Cátedra Príncipe de Asturias”. Pero allí conté con la Fundación Cañada Blanch para financiarla y aquí no encontré la financiación que necesitaba. Por ello, tras una muy agradable y minuciosa negociación con el entonces Vicerrector de Relaciones Internacionales de la Complutense, el Profesor Carlos Seoane, con el que establecí una muy calurosa amistad que dura hasta hoy, decidimos que se crearía una cátedra rotatoria de Doctorado. Esta Cátedra se atribuiría, cada año, a una Facultad distinta y para la que invitaríamos a un catedrático de una prestigiosa Universidad británica. Junto a él, la Facultad nombraría a un profesor español, al que denominaríamos “Coordinador de la Cátedra”. Así comenzó la Cátedra Hispano Británica y el primer catedrático fue el Profesor Ian Michael, Regius Professor de la Universidad de Oxford. Por la Cátedra han pasado personalidades de la talla de Sir Raymon Carr, Paul Preston, Larry Sidentop, Miles Reid o Valpi Fitzgerald, por citar solo a los que recuerdo en este momento.

¿Algún consejo para años venideros de la Fundación?

No suelo dar consejos: cada época tiene sus retos y hay que afrontarlos con los instrumentos de cada momento con rigor y dedicación. Y quienes están al frente de esta institución cuentan con ambos. Lo único que añadiría es que si la Fundación Hispano Británica no existiera, habría que inventarla.