FHB entrevista a PEDRO SCHWARTZ

Un más que experto economista, siempre polemista y exigente, con fuertes raíces en Reino Unido y defensor a ultranza del liberalismo, sería el cóctel que mejor define a un economista imprescindible en foros, universidades y medios como es Pedro Schwartz. Ha pasado mucho tiempo desde que llegó de estudiante a Londres, pero sigue trabajando entre Madrid y la capital británica y tiene su propia perspectiva de lo que ocurre en ambos países.


ISABEL AIZPÚN


Enero 2022

Sería tan largo empezar una entrevista contando su curriculum que será mejor que empecemos por el final y nos cuente en qué proyecto trabaja hoy en día…

¿Qué planes tengo ahora? Pues sigo trabajando en la Universidad Camilo José Cela dando clases e impartiendo seminarios y, sobre todo, dirigiendo tesis. Es una actividad, por cierto, en la que tengo la costumbre de enterarme de lo que hablan. Y esta última en la que trabajo ahora habla de la teoría del caos y el efecto que ha tenido. 

¿El caos en general?

Me refiero a cómo se entiende lo que ocurrió en el año 2008, a la gran crisis que hubo. Una especie de caos, cataclismo, y hace falta entender cómo funciona eso del caos. ¿Sabe cómo se entiende lo del caos, cómo nos encontramos de repente en él? Se puede explicar muy bien si te fijas en cuando pones agua a hervir.  Se va calentando poco a poco, no interfieres para nada, dejas que siga calentando sola, no cambias la temperatura y, de repente, explota el hervor.  Pues bien, el caos se produce de repente sin que se haya introducido un factor de cambio y todo se revuelve. Y esta es la tesis que he dirigido.

Pero alguien habrá medido esa temperatura…

Con la última crisis se hicieron las cosas muy mal. Hubo una mala organización del mundo financiero, sobre todo en lo referente a las hipotecas. Y llegó un momento en que las hipotecas concedidas eran grandísimas y además se habían repartido por todo el mundo.

¿Y cuál es el diagnóstico de la economía en este momento?

Estamos en lo normal, que es malo. Normal en este tipo de Gobierno. Le van a dar a este Gobierno una cantidad de dinero impresionante y se lo va a gastar en comprar votos como sea. Entiendo que haya gente que haya quedado sin su negocio y eso asusta pero dar esas cantidades de dinero que  sabemos que lo van a malgastar…

Pero, además, está ocurriendo otra cosa muy triste, es que hay un nuevo virus en el mundo, que es el autoritarismo. Es un virus internacional, no se encuentra solo aquí. Por ejemplo, en el estado de Victoria, en Australia, han metido a la gente en sus casas, tienen prohibido salir y tienen que tener encendido el teléfono para que te puedan llamar y comprobar que estás en casa. Y si no estás en casa, te mandan a la policía. Creo que hemos perdido el norte en estos temas. El autoritarismo es un nuevo virus que se mete en nuestras vidas.

Eso lo dice un liberal sin fisuras, un liberal sin modas porque es la ideología que siempre ha defendido…

Los que defendemos las libertades nos estamos quedando en una minoría. Hablamos de libertades, sí, sí, sí, y de confianza en el individuo, confianza en que los pobres, si se les da la posibilidad, salen adelante, luchando y que así se hace un Estado distinto. Cierto que siempre hay alguna ayuda que hay que dar. El propio Hong Kong, por ejemplo, tiene un programa de vivienda que tener en cuenta para la gente que no tiene con qué vivir. Allí no hay sindicatos, están prohibidos.

¿Hong Kong es su modelo?

Creo que Reino Unido tendría que haber sido una economía abierta como era la de Hong Kong. He seguido muy de cerca el Brexit y ha sido una gran desilusión porque creo que se debería haber intentado que el Reino Unido fuese un actor independiente en el mundo; no volver a hacerse una pequeña isla. Además, se ha vuelto al modelo muy paternal, a la vieja política paternalista tory.

Supongo que ha seguido muy de cerca durante mucho tiempo la actualidad británica…

Sí, sí, yo he tenido siempre mucha relación con Reino Unido. Estudié allí en dos momentos determinados porque fui a sacar dos títulos: uno, de doctor y otro, máster en economía. Ahora soy profesor visitante en la Universidad de Buckingham. Y, especialmente, en el Institute for International Manager Research, que estudia, entre otras cosas, la inflación. Y hay que prepararse porque la inflación va a seguir subiendo y se va a mantener, lo que es malísimo porque enfada a la gente, a unos con otros. Crea tensiones sociales terribles porque los pensionistas piden más… y los otros piden subida de sueldo… y suben los precios… y no suben bastante los precios de los agricultores… La inflación es muy mala socialmente porque crea tensiones. También he dado clase en este Instituto de teoría, comercio internacional, macroeconomía y política monetaria que es en lo que, recientemente, me especializo. 

Desde que llegó a estudiar a Londres hasta ser profesor hoy en día en la Universidad de Buckingham ha debido ver muchos cambios y acontecimientos en el Reino Unido.

Para mí hay un recuerdo que es un hito especial, el recuerdo de cuando estuve en las calles de Londres en la coronación de Isabel II, allí toda la noche… Llovió toda la noche… Aquella era una Inglaterra muy distinta a la de Mrs. Thatcher. Fue Margaret Thatcher la que dio el gran cambio. En aquella Inglaterra los sindicatos pesaban mucho. Entonces el Gobierno se ponía de acuerdo con los sindicatos en cuanto a la subida de los salarios; todo era defender el estado de bienestar y el National Health Service y éste ahora se ha convertido en una religión. 

Entonces era una Inglaterra muy ordenada por el Laborismo y los conservadores no cambiaban nada más que bajar un poco los impuestos. Y ella, Mrs. Thatcher, transformó el país. Ya habían cerrado muchos de los ferrocarriles; ella cerró las minas de carbón en medio de unas huelgas terribles. Convirtió Inglaterra en un país más moderno. Ahora se ha vuelto al paternalismo tory. Yo creo que de paternalismo nada, que la gente debe organizarse la vida; naturalmente había que ayudar a los que pasaban hambre, pero no, no de esta manera que están haciendo ahora repartiendo dinero como locos.

La Inglaterra de ahora es muy distinta a la Inglaterra de cuando yo estudiaba. Han odiado a Thatcher aunque ya no se habla de ella. Se ha vuelto a un sistema de subsidio y de financiación. Lo que lo que ha ocurrido ahora con COVID es que todo el mundo tiene que estar subsidiado. Aquello fue la transformación de Inglaterra, pero ahora, poco a poco la van dañando.

Es curioso cómo la gente no entiende en absoluto la economía. Han elevado el salario mínimo y se han producido unos efectos inesperados como la quiebra de empresas que atendían a los Mayores porque no podían pagar ese salario mínimo. 

Con lo que había visto en Inglaterra ¿qué planes tenía al regresar a España?

Volví a España, terminé derecho, hice la oposición al cuerpo diplomático, la gané, pero me borraron de la Oficina Diplomática porque resultaba un estudiante un poco díscolo; estamos hablando del franquismo. Como profesor también protagonizamos protestas porque empezamos a trabajar en octubre y nos empezaron a pagar en marzo… Y esas protestas tuvieron un tinte político también. La diplomacia era la tradición familiar y yo me planteé apelar, pero mi padre me dijo que de esa manera mi hermano nunca sería diplomático y que, además, me asignarían las peores plazas así que me ofreció pagarme la universidad que yo eligiera y elegí la London School of Economics.

Y fue así porque recuerdo muy bien la clase de Derecho del Trabajo cuando estudiaba Derecho en la que se defendía aumentar el salario mínimo. Yo me preguntaba, por qué solo aumentarlo un poco, habría que multiplicarlo por 5 o por mucho más… Entonces me decían: es que eso no se puede porque la economía no puede aguantar eso. Y entonces decidí: yo tengo que estudiar económicas, claro. Y así fue y viajé a Londres no solo a estudiar económicas, sino también a estudiar pensamiento político y filosofía. Allí conocí a Karl Popper. Yo había leído un libro de él y no había entendido nada. Se llamaba “La sociedad abierta y sus enemigos” y un día ocurrió que iba al refectorio a comer y vi una puerta con un cartel con su nombre. Entré, le pregunté si él era el autor de ese libro, me dijo que sí y le pregunté si podía ir a sus clases; empecé a colaborar con él y nos hicimos amigos. 

Allí estudié pensamiento político, fui a las clases de economía… y volví aquí a Madrid y luego a Londres a hacer un máster en economía porque sentía que no sabía bastante de modo que soy doblemente graduado de la LSE.

Y ¿cómo la definiría?

Era un centro glorioso, con profesores extraordinarios, grandes profesores. No solo Popper, sino también Lionel Robbins, y otros muchos que luego han sido famosos como economistas. Hice una tesis allí dirigida por Lionel Robbins.

Mi universidad de Inglaterra no era solo de ingleses; era una Universidad donde había muchos extranjeros también. Un húngaro que había huido en el 56 y que era un gran, gran pensador, gran profesor… había mucha gente extranjera que daba clase allí, entre otros, Popper.

También se implicó en la política en España en algún momento…

Sí, sí, fui diputado. Intenté hacer una cosa que no me salió el año 82, meterme en coalición con Fraga con la idea de que, como se había hecho en Inglaterra, se incluyeran las libertades en el Partido Conservador. Pero Fraga era inaccesible al desaliento. La gente es que no entiende eso del mercado y la libertad y la competencia, no lo entiende.

Está hablando de derecho, de economía, de diplomacia, de enseñanza, de política… ese curriculum que comentábamos.

Sí bueno, me divierto… En fin, he hecho lo posible; sí se ha mantenido la antorcha de la libertad.

Curiosamente en España y lo veo hoy en la propia Real Academia de Ciencias Morales, los que defienden la libertad son los catedráticos de Derecho Administrativo porque ellos dicen que hay que hacer un Estado bien regulado y regular bien eso de las libertades económicas y que, si no hay competencia, hay que forzarla… Hay que tener en cuenta lo que me dijo un economista americano: el avance tecnológico es el que protege las libertades, no se puede controlar la tecnología. ¿Qué ha pasado con el teléfono fijo en el que Telefónica tenía una preeminencia? Que nadie lo usa.

Nos gusta preguntar qué debería hacer la Fundación en este momento

Sin duda su función principal sería la difusión de la civilización británica que es muy especial y muy positiva en muchas cosas. Ahora está muy de moda Churchill y la segunda guerra mundial que, sin duda, fue algo muy importante, pero hay que pensar también en la literatura, el pensamiento, la unión con Estados Unidos… la historia es muy importante, aunque muchos que escriben sobre ella la deforman. 

¿Tiene algún plan de jubilación en mente?

¿Jubilarse? Qué horror. Te levantas por la mañana y te echan de casa porque tienen que pasar la aspiradora…