María Teresa Vidal Vidal, Amiga FHB

Como parte de su estrategia en la implementación de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, el día 19 de Diciembre de 2019, la Asamblea General de las Naciones Unidas, designó el 21 de Mayo, Día Internacional del Té.

Día Internacional del Té

La designación de este Día pretende desarrollar actividades enfocadas a aumentar la demanda, tanto en países productores, donde ésta es relativamente baja, como en países tradicionalmente importadores, donde se está observando una disminución del consumo.

La producción y manufactura del té constituye el medio de vida de millones de familias en países en desarrollo.

Desafortunadamente, por la situación de pandemia en que se encuentra el mundo, el primer Día Internacional del Té se celebró virtualmente.

Planta del té

Los beneficios del té

El consumo de té puede aportar beneficios para la salud ya que tanto el té verde como el té negro contienen cantidades relativamente altas de vitaminas C, D, K y riboflavina así como de minerales como calcio, magnesio, hierro y zinc. Sin embargo, son los polifenoles, compuestos antioxidantes que se encuentran en el té verde, los que serían responsables de los mayores beneficios.

Tanto el té verde como el té negro se obtienen de las hojas de la misma planta, la Camellia sinensis. La diferencia es que para obtener el té negro las hojas se dejan oxidar, convirtiendo los polifenoles del té en compuestos con una actividad biológica mucho menor. Una taza de té, sin leche ni azúcar, contiene únicamente 1 caloría en forma de carbohidrato, nada de grasa ni de proteína pudiendo utilizarse como sustituto del agua para satisfacer nuestras necesidades de hidratación.

Origen del té

El uso del té como bebida tiene su origen en China hace alrededor de 5.000 años y aunque está intrínsecamente asociado al carácter Británico, fueron comerciantes holandeses y portugueses los que lo introdujeron en Europa a principios del siglo XVII.

Consumo del té en la corte inglesa

Su consumo se popularizó en la corte inglesa con el matrimonio de Carlos II y la infanta portuguesa Catalina de Braganza, pero no fue hasta finales del siglo XVIII cuando el consumo se extendió a las clases populares.

La costumbre del “Afternoon Tea”

La costumbre del Afternoon Tea se debe a Anna, séptima Duquesa de Bedford (1788-1861) quien se quejaba de un “estado de debilidad” a media tarde, entre la hora de la comida y la cena. Para aliviarlo pedía que le sirviesen té con pasteles en sus habitaciones, costumbre que se extendió entre la alta sociedad de la época, convirtiéndose en un evento social.

Esta nueva comida a media tarde puso de moda innumerables utensilios y accesorios para servir el té y sus acompañamientos dulces o salados, el más curioso de los cuales, puede ser quizás, las “moustache cups” victorianas, que permitían beber té sin sumergir en él el bigote tan común en los hombres de la época.

En un Afternoon Tea tradicional no pueden faltar los tradicionales scones, de origen escocés. Inicialmente eran de forma plana y redonda, la avena el ingrediente principal y se cocinaban en una sartén en lugar de en el horno. Las recetas modernas de scones incluyen harina de trigo con levadura química (self-raising flour), mantequilla, azúcar (si se preparan scones dulces) y leche o suero de leche (buttermilk).

Scones (6-8 unidades)

Ingredientes

225 g de harina con levadura (Gallo Bizcochos o Santa Rita Muffins&Bizcochos)
½ cucharadita de sal
55 g de mantequilla, ligeramente fría cortada en cubos pequeños
20 g de azúcar extrafino (Azucar Extrafino Azucarera o Caster sugar en el Corte Inglés o Sánchez Romero)
150 ml de leche
1 huevo, batido para glasear (opcional)

Preparación

▪︎ Precalentar el horno a 210 ºC. Espolvorear una bandeja de horno con harina.

▪︎ Tamizar la harina y la sal en un bol grande. Añadir los cubitos de mantequilla y con las puntas de los dedos ir incorporando la mantequilla a la harina hasta que la mezcla tenga aspecto de miga de pan (breadcrumb stage). Si estamos usando azúcar, incorporarlo y mezclar bien.

▪︎ Formar un hueco en el centro de la harina y verter la leche, mezclando inmediatamente con un cuchillo hasta obtener una masa suave y esponjosa.

▪︎ En una superficie ligeramente enharinada amasar hasta obtener una masa homogénea con un grosor de unos 2,5 cm. Cortar los scones con un cortapastas de unos 6 cm de diámetro.

▪︎ Dependiendo del tipo de acabado que se prefiera se pueden espolvorear con harina o barnizar con leche o con huevo batido. Hornear los scones durante unos 15 min hasta que estén bien dorados.

▪︎ Se pueden dejar enfriar sobre una rejilla o servir calientes recién salidos del horno. Los scones están mejor si se comen en el día pero pueden congelarse y posteriormente descongelar y recalentar en el horno.

▪︎ Si se desea se puede añadir 30 g de pasas o otra fruta desecada a la harina o se pueden preparar scones de queso sustituyendo 30 g de queso por la mitad de la mantequilla y omitiendo el azúcar.

Bibliografía

Página Web de Naciones Unidas: https://www.un.org/es/observances/tea-day
The Enclyclopedia of Healing Foods. Murray, Pizzorno and Pizzorno. Piatkus (2013).
Tea at Fortnum & Mason. Ebury Press (2010).
Scones. Leiths Cookery Bible. Blomsbury Publishing (2003).

Para acompañar la taza de té y los scones…